Escribo porque no sé hacer otra cosa con lo que pienso.

No es una vocación romántica. Es más bien un tic, una forma de procesar el mundo que empezó antes de que yo supiera que eso tenía nombre. Hay personas que hablan con alguien cuando algo les pesa. Yo escribo. No siempre bien. Pero siempre con honestidad.

LD nació sin plan. Nació de la acumulación, de ese momento en que tienes demasiadas observaciones guardadas y el cajón ya no cierra. No pretende ser un diario, ni un blog de opinión, ni un espacio de reflexión con mayúsculas. Pretende, si acaso, ser el tipo de texto que te para un momento. Que lees en el metro y levantas la vista. Que te recuerda algo que creías olvidado.

Soy de Sevilla, aunque ya no vivo allí. Eso marca más de lo que parece. Llevo la ciudad como se llevan ciertas cosas: sin poder explicar bien qué son, pero sintiéndolas en momentos exactos. Una madrugada de abril. El olor a incienso mezclado con frío. El silencio particular de una calle que conoces de memoria.

Tengo un hijo "no pequeño" y una hija pequeña. Eso ha cambiado la escritura, aunque no sé si lo ha hecho más profunda o simplemente más urgente. Hay cosas que antes observaba con distancia y ahora me atraviesan. No me quejo.

Me interesa lo cotidiano con capas. Lo que parece banal y, si te quedas un poco más, revela algo incómodo o cierto. Las dinámicas que nadie nombra pero todos reconocen. El cinismo que se disfraza de pragmatismo. La ternura que no sabe mostrarse. El orden como acto de cuidado. La ausencia como forma de presencia.

No escribo para tener razón. Escribo para entender, y muchas veces termino sin entender nada, pero con el texto hecho. Eso también vale.

Si has llegado hasta aquí, bienvenido. No prometo frecuencia ni temática fija. Prometo que cada texto habrá merecido ser escrito.

Puedes escribirme a ldfdez@ldfdez.es